El graffiti es una cultura que no muere en la calle. Sus técnicas y su iconografía inspiran a artistas que, como Banst, trasladan su espíritu a otros soportes donde evolucionar hasta distintas formas expresivas. La ingenuidad se mezcla con el miedo en unas tablas que sintetizan el particular mundo interior de este joven artista que intenta en cada pintura sorprender y emocionar a todos los que se acerquen a su obra.